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El estado según Skocpol

3 Jul

Hace unos días en un grupo de lectura sobre la ideología surgió un interesante cuestionamiento sobre los aparatos ideológicos del estado a raíz de un texto de Althusser. En el texto Ideología y aparatos ideológicos del estado, Althusser plantea que el estado asegura la reproducción de las relaciones de producción a través del aparato (represivos) de estado y los aparatos ideológicos estatales (AIE). El estado se plantea de esta manera al servicio de los intereses de las clases dominantes (en parte porque la existencia del estado mismo depende de la reproducción de estas relaciones).

Al margen de las posibles críticas que se pueden hacer (y de hecho se le hicieron durante la sesión) a la posición del autor respecto al pensamiento de Marx, una pregunta quedó en aire. ¿Es que en verdad los aparatos ideológicos del estado como constructo teórico están en función de los intereses de las clases dominantes?

Que pasa cuando guiados por la paranoia o por un espíritu cartesiano asumimos que cualquier medio de rebelión o crítica ante el estado ha sido fríamente calculado para darnos la sensación de libertad necesaria para mantenernos voluntariamente dentro de estos aparatos. La pregunta me estuvo rondando en la cabeza durante toda la semana pues sentía que las respuestas que habíamos dado a ese problema no habían sido satisfactorias.

Crítica de a las teorías neomarxistas sobre el estado

En su texto, Los estados y las revoluciones sociales: Un análisis comparativo de Francia, Rusia y China, Theda Skocpol dedica algunas líneas  hablar sobre la autonomía potencial del estado. En sus ideas encontré una línea muy interesante para responder la pregunta hecha en este círculo.

Skocpol inicia su reflexión sobre la autonomía del estado, al partir del tema principal del libro: la explicación de las revoluciones sociales. Afirma que tanto la tradición marxista como liberal reconocen que las revoluciones sociales comienzan con crisis políticas manifiestas, que además preceden a luchas en las que los partidos y las facciones políticas organizadas tienen una función que destaca, y que culminan en la consolidación de nuevas organizaciones de Estado cuyo poder se usa para promover nuevos cambios.

Pese a que estas tres características de las revoluciones son generalmente aceptadas, los teóricos las consideran como meros epifenómenos. Así, las crisis son reflejos “de contradicciones más fundamentales o tensiones localizadas en la estructura social del antiguo régimen” (pp.53), los grupos políticos representan fuerzas sociales y las nuevas estructuras son expresiones del interés  de la fuerza social victoriosa.

En otras palabras, las estructuras y luchas políticas pueden reducirse en última instancia a fuerzas y conflictos socioeconómicos. Así, el estado se define como la arena donde se solucionan y entablan los conflictos socioeconómicos.[1]

Ninguna de estas corrientes trata al estado como una organización en sí misma, “como estructura autónoma, como una estructura con una lógica e intereses propios que no equivalen ni se funden con los intereses de la clase dominante o con todo el grupo de miembros de la política” (pp.56).

Frente a esto una nueva corriente de autores neomarxista plantea la autonomía relativa del estado frente a todo control de la clase dominante de tipo capitalista. Offe afirma que aunque el estado tiene importancia causal por derecho propio todavía funciona para mantener el modo de producción existente. Otros como Poulantzas plantean que las funciones del estado, más que ser controladas por las clases dominantes, son moldeadas y combatidas por la lucha de clases.

Sin embargo, la autora reconoce en los antiguos y las nuevas teorías marxistas un denominar común: la posición marxista según la cual “las formas y las actividades del estado varían de acuerdo con los medios de producción y que los dirigentes políticos no pueden actuar en contra de los intereses de  una clase dominante” (pp. 60).

Ante esto Theda Skocpol, afirma que es necesario centrarse más en el estado. “Las modificaciones de clase y las transformaciones económicas propias de las revoluciones sociales se entrelazan íntimamente con el desplome de organizaciones de estados de los antiguo regímenes y con la organización y consolidación de las nuevas. Es necesario tomar al estado como macroestructura” (pp. 61)

La salida de Skocpol

La de Skocpol es una perspectiva organizativa y realista del estado. El estado es entonces es un conjunto de organizaciones administrativas, políticas y militares encabezadas y coordinadas por una autoridad ejecutiva. Estas organizaciones del estado deben operar dentro del marco de las relaciones socioeconómicas divididas por clase y dentro de la dinámica de las relaciones económicas nacional e internacional. Si bien deben contar con otras instituciones (representación y participación), estas son la base del poder del estado.

Donde existan estas organizaciones son potencialmente autónomas del estado. El grado de autonomía depende del caso.  Una nueva pregunta queda en el aire: si los estados son potencialmente autónomos de los intereses de la clase dominante ¿a qué intereses pueden favorecer? Las organizaciones del estado compiten con las clases dominantes por la asignación de recursos. Es decir, el estado puede decidir apoyar la clase dominante.

En su función propia el estado desempeña dos conjuntos de tareas:

  • Mantener el orden (orden físico y paz política) por medio de la organización de coerción. (en esto coinciden con los intereses de la clase dominante pero no siempre por ejemplo épocas de crisis)
  • Competir con otros estados. El cumplimiento de estas tareas se puede dar a expensas de la clase dominante. Este lugar que ocupa en el ordenamiento exterior de estados (el ser parte de una red de estados) le da a los estados independencia frente a las clases dominantes.

Cómo plantea Otto Hintze que veremos más adelante en su tratamiento del surgimiento del estado, son dos los fenómenos que condicionan la verdadera organización del estado:

  1. Su posición relativa entre sí : la estructura de las clases sociales
  2. su posición general en el mundo: el ordenamiento exterior de los estados y el lugar que ocupa en él.

El estado es entonces fundamentalmente bicéfalo con un arraigo doble en las estructuras socioeconómicas divididas por clases y  un sistema internacional de estados. Además deben tomarse en cuenta a los funcionarios del estado. Se debe entonces analizar estas intersecciones entre las condiciones y presiones internacionales y en las economías estructuradas en las clases y en los intereses organizados políticamente. En estas intersecciones deben buscarse las contradicciones políticas que ayudan lanzar revoluciones sociales.

La autora plantea despojarnos de la perspectiva voluntarista, y plantea un análisis  que atiende a las estructuras y los procesos internacionales e histórico universales así como los intranacionales.

[1] La principal diferencie entre la posición marxista y la posición liberal en este punto se da en torno a los medios  que encarna esta arena: una autoridad legítima basada en el consenso o una dominación coactiva. Así, según los liberales lo que importa investigar cómo la autoridad ha perdido su legitimidad y ven la solución en el contexto mientras que para la tradición marxista lo que importa es explicar el triunfo revolucionario frente a la coacción del antiguo régimen y ven la solución en al dominación. En ambos casos el estado se ve como una arena, como un instrumento de un grupo social o un grupo de miembros.

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