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En torno a la representación

9 Jul

En su texto Los principios del gobierno representativo, Bernard Manin reconoce 4 principios en los regímenes representativos a los largo de la historia: 1) quienes gobiernan son nombrados por elección con intervalos regulares (elección de representante), 2) la toma de decisión de los que gobiernan conserva un grado de independencia respecto de los deseos del electorado (libertad de los representantes), 3) los gobernados pueden expresar sus deseos y opiniones políticas sin estar sujetos al control de los que gobiernan (libertad de opinión pública), 4) las decisiones públicas se someten a un proceso de debate (Juicio mediante la discusión).

Asimismo, respecto a la identificación de modelos de política representativa encontramos dos propuestas, la del propio Manin y la de Juan Abal Medina[1]. Aunque hacen énfasis en distintos aspectos, ambas propuestas tienen mucho en común. Tanto Manin como Abal Medina reconocen tres modelos a lo largo de la historia: el parlamentarismo o modelo parlamentario, la democracia de partidos o el modelo de masas, la democracia de audiencia o modelo electoral.

En el parlamentarismo o el modelo parlamentario se eligen como representantes personas de confianza que son notables dentro de la comunidad. Esta elección es a su vez expresión de vínculos locales. Esta forma de elección personalista se debe en parte al tamaño de la comunidad y el pequeño y homogéneo cuerpo electoral en que se dio este modelo. Además, guarda relación con el modo en que los representantes votan en el parlamento (según su conciencia). Respecto a la libertad de opinión pública Manin afirma que la opinión pública y la expresión electoral no coinciden, finalmente las decisiones públicas se someten a un proceso de debate en el parlamento. El nexo entre el representante y  el representado es la confianza.

En la democracia de partidos o el modelo de masas las personas votan por la lealtad a los ideas de un partido. El partido es la única expresión de pertenencia a una clase. Para Abal Medina esta es una nueva forma de hacer política que se da en los estados amplios (que regulan la economía e intervención por ejemplo el estado de bienestar). Así el liderazgo del partido tiene plena libertad de decidir lo que es prioritario. Hay una coincidencia entre la opinión pública y la expresión electoral.  Finalmente las decisiones son tomadas en los debates dentro del partido y por medio de negociaciones entre partidos.

En la democracia de audiencia o modelo electoral es en donde propiamente se puede ver la crisis representativa actual. Esto se debe, en parte, a  una mezcla particular. Por un lado se ha vuelto a un tipo de elección personalista de los representantes (no se vota por un partido sino por una persona que inspira confianza) pero no se trata como en el parlamentarismo de comunidades homogéneas y pequeñas. Tampoco se trata de clases devotas a partidos con ideologías fuertes y disciplina, sino que se enfrenta una atomización de los individuos en donde incluso las clases empiezan a desdibujarse. Coincidimos con Abal Medina cuando afirma que los partidos al no poder garantizar políticas públicas específicas (como lo hicieron en el estado de bienestar o en el modelo de masas) pierden referentes sociales y tiene que buscar apoyos más amplios e indefinidos. Es así que surgen los partidos atrapa todo (sin contenido ideológico) que responden a un nuevo tipo de electorado, volátiles y desleales al partido, que asemejan a un público o una audiencia. El desplazamiento de la esfera pública a los medios de comunicación y como estos introducen la política a la vida privada también es parte importante de la crisis de representación pues los medios son los que terminan planteando la agenda pública en base a sus  intereses privados.[2]

Manin caracteriza además este tipo de democracia como aquella en la cual se personaliza la opción electoral, los votantes responden a la oferta electora y esta es inducida por imágenes en los medios o en la calle de candidatos o partidos. El hecho de que haya mecanismos electorales que personalicen el voto hace que el representante tenga cierta autonomía respecto del partido.

No hay una coincidencia entre la opinión pública y la expresión del electorado. Las decisiones púbicas son producto de las negociaciones entre el gobierno y los grupos de interés, y queda desplazado el debate a los medios.

Hay entonces una crisis de partido que se puede ver en los nuevos tipos de partido (sin ideología fija, sin disciplina y sin capacidad para ofrecer políticas sociales específicas), el tipo de electores (audiencias volátiles y sin lealtad que votan por personas más que por partidos) y el nuevo lugar de la esfera pública; los medios (parcializados muchas veces por intereses privados).


[1] Si bien en la clase hemos hecho un cuadro sobre Manin. He preparado además un cuadro sobre Abal Medina. Me parece interesante las características que él resalta y aunque no puedo dedicar todo el examen a esta pregunta me parece interesante ponerlo como anexo.

[2] Sobre la influencia de los medios en la política Castells afirma que los medios no controlan la opinión pública sino que se trata de una compleja relación entre esto los dos. Lo veremos más adelante cuando cuelgo el post  del texto  Castells, Manuel (2006), La Sociedad de Red. Una visión global, Madrid: Alianza. Cap. 6 (La política informacional y la crisis de la democracia).

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